¿Quién triunfa en la Política?

¿Quién participa en política para destruir y quien lo hace para construir? ¿De cuáles elementos dispone el elector para diferenciar entre unos y otros?  Por Oswaldo Smarrelli

En gran parte del mundo son ya casi normales las férreas luchas que se dan en los momentos previos, durante y posteriores a las elecciones, independientemente del ámbito electoral donde estas se lleven a cabo, pero sobremanera a nivel presidencial y con énfasis especial en países latinoamericanos, mostrando así la marcada contraposición de ideas y formas de actuar entre los principales contendientes.Tanto que, hoy en día, perfectamente se les podría etiquetar de rivales o luchadores por los niveles de confrontación tan altos que se dan en esos eventos y las consecuencias derivadas entre sus adeptos.

Esta es una realidad que lleva a los especialistas en sociología, comunicación y estrategia política a diseñar y experimentar métodos de control social, contando hoy con grandes aliados: la tecnología, el mundo globalizado y las redes sociales.  

En este sentido, cada ciudadano debe hacer valer sus derechos con conocimiento de causa sobre todo en el del voto, porque a partir de ese evento pueden surgir grandes y positivas transformaciones o terribles destrucciones de un país, familias y/o personas.

¿No lo cree? Pues revisemos algunos hechos de países en Latinoamérica.    

Solo para nombrar algunos ejemplos, podemos iniciar con los seis presidentes que ha tenido Perú en apenas 4 años y resaltando la posición autoritaria y antidemocrática de su último presidente electo: Pedro Castillo.

Lo sucedido en Chile con el rechazo de mayoritario de la población hacia una constituyente improvisada y pensada como la panacea ante las revueltas ocurridas en ese país hace unos años y que obligó al presidente Gabriel Boric a sentarse con todas las fuerzas políticas y sociales del país para diseñar nuevos métodos de consulta y elaboración de la carta magna.

En Argentina el éxodo continuo de ministros, la condena a la expresidenta y actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner acentúa la turbulencia política y social del país ya gravada entre otras cosas por los alarmantes índices económicos.

Cristina Kirchner condenada a 6 años por corrupción.

La situación crítica de Nicaragua y de Venezuela con sus regímenes dictatoriales, en otros casos como Chile y Colombia volteando del centro o derecha a la izquierda.

Punto aparte merece El Salvador, tomando en cuenta la notoriedad alcanzada por las “peculiares nuevas ideas” y formas de acción pública de su presidente Nayib Bukele logrando, con su particular forma de gobernar, adeptos y detractores a nivel internacional y que luego de más de 10 años como presidente alcance una popularidad de 94% para repetir en su cargo según encuestas independientes.

Nayib Bukele, ¿enamorado del poder?

Todo esto obliga a una reflexión en el ciudadano sobre su responsabilidad para con su entorno (país, ciudad, comunidad) y para consigo mismo porque elegir mal tiene consecuencias para los pueblos y las instituciones.

Luego de esta suscinta revisión del panorama latinoamericano, podemos tener algunas consideraciones que, si bien es cierto que hay diferencias que distinguen unos de otros también se dan cuenta que en la mayoría resaltan algunas o todas de las siguientes características:

• Improvisación desde la cual se ejecutan las políticas públicas y se diseña una visión de país
• El carácter abusivo, personalista, demagógico y desinstitucionalizador de quien ostenta la primera magistratura.
• El pertinaz deseo de perpetuarse en el poder.
• La violación y contravención de leyes, desvinculación con los sectores sociales del país.
• Desconexión con la realidad latente y desconocimiento u omisión del sistema democrático para gobernar (no para lograr el poder). 

Para los electores:  

No es debilidad cuando penetran su cerebro y corazón para lograr su voto, generalmente esto responde a campañas de neuropolítica  diseñadas para ese hecho. Los electores se mueven más por la emoción que por la razón, es decir, quizás usted que me lee haya ejercido alguna vez su voto sin tener información veraz de cada candidato, sin profundizar en las propuestas y programas de cada uno, sin dedicar tiempo a entender el contexto de la política en ese momento electoral. En definitiva, votar sin preparación más allá de la ofrecida por la lluvia de propaganda que cada candidato quiso que usted conociera y como tal aceptó como real.

Su voto puede ser el resultado de una estrategia psicológica

Allanar ese enjambre de información que se forma en cada elección para que el voto no tenga visos de influencia externa, sino que nazca del más puro, reflexivo y consciente estudio de cada candidato y de la realidad de ese momento electoral, no es fácil; pero con no delegar en otros la responsabilidad del voto y posteriormente del conocimiento que cada uno debe tener sobre la política, los movimientos, intenciones, relaciones, antecedentes y otros elementos que usted mi caro lector quiera agregar, pues, estará armado para inhibir esos mensajes y propagandas. 

En este sentido, un elemento claro que se debe fortalecer es que el voto no puede ser emocional: debe ser consciente. Al respecto, el Cardenal mexicano Adolfo Suarez Rivera reflexionaba acerca de la importancia del voto consciente y la persona que quisiera lograrlo debía conocer las propuestas, plataformas de los partidos y candidatos contendientes y luego votar en función del conglomerado y no por beneficios personales.

Sobre este tema, el yogui indio Sadhguru dijo: “Todos tenemos que votar de acuerdo con nuestra propia conciencia, sobre lo que es mejor para la nación ya que si votamos por comunidad, casta o religión, estamos burlando la democracia” 

Para los políticos: 

Tener la simpatía de la mayoría de la población para ganar una elección, cosa bien complicada y deseada por los políticos (más allá de gobernar bien o mal, ese es otro tema) al respecto, el poeta Antonio Machado Ruiz profesó una fórmula que comparto con ustedes: «En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire, jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela».

Un buen líder político debería reconocer el horizonte hasta con los ojos vendados.

Los eventos futuros muchas veces no son claros, por esto hay que tener claridad sobre la realidad actual, saber interpretarla y mantener izada la vela, evitar turbulencias contra su nombre o saber contrarrestarlas, ser claro, tener conocimiento de lo ofrecido y como materializarlo, ser digno de respeto y confianza, cuidar su credibilidad así como su actividad diaria y saber elegir el momento exacto de actuación para que el viento que el poeta recomienda le acompañe en el viaje.   

En el mundo de la política no hay fórmulas únicas para triunfar, pero si hay métodos, herramientas y formas que permiten acariciar y hasta lograr lo que se persigue. Las que mencionamos son apenas algunas.

El expresidente de Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy comparaba la política con las matemáticas y al respecto refería que «tanto en una como en otra lo que no es totalmente correcto, está mal».

Por lo tanto, cuando se logra la victoria, los políticos deben tener como objetivo supremo garantizar y velar por el mejoramiento de las condiciones de vida de sus gobernados y hacerlo con probidad, justicia y equilibrio.

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